Reconocerse en la prisión, llegar a ser considerado preso de confianza, ser un pequeño cortesano, con la comida asegurada, tener el chance de aventurarse, no decidir cuando no volver más.
Ya han pasado las Fiestas Patrias, me fui para Santiago - algo de eso recuerdo -, nunca vi a la pequeña Luisa, y me atrapó la Hamm, la Verónica, que andaba con un gringo, pero que ahora el gringo no está y se desquitó conmigo este noviembre ¿La amo? No. ¿Que si me la cagué con Luisa? Sí. 
Lo que recuerdo es que después del 10 de noviembre, estaba en la casa de mi padre y leía a Novalis para pasar la goma moral, Leía a Kundera, más bien un resumen que me hizo un pasiero de Panamá, de La insoportable levedad del ser.
Hoy 15 de noviembre, estoy en Panamá, haciendo traducciones de canciones y textos y no me duermo este viernes (se supone que me debí arrancar, ir a La Tasca, pero no), tengo un calendario de reuniones de poesía y guitarra con los amigos panameños y la querida Luisa.

Mis tíos se fueron a un baile, así que me puedo fumar mis blancos atrás en el patio. Aún es invierno, está húmedo y fresquito el patio.

Todo esto pasará -