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Pon atención al poema enmudecido,
poesía se hace niña ante el amor enorme.

No temas,
no hay sombra en la ternura.

Los oídos respiran silencios áureos.

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Detritus

Pequeñas piedras
Navegan los ríos
Que me recorren

Aquí y allá
Sedimentos
De sentimientos
Perfilan
Los valles y los montes
Del nuevo paisaje
Que soy

Mis patrias me dibujan
Sin mano firme

Mis patrias confundidas

.::
Kentridge, el Tíber y yo

Sólo algunos
saben
la soledad del río
la oscuridad del río
la suciedad del río
la sacralidad del río
la historia del río
la poesía del río
la riqueza del río
la crueldad del río.

Son los pájaros
los poetas
los suicidas
los enamorados
los pintores
las cestas
las diosas
y las piedras.

Todo fluye
todo queda.

Yo estuve en el viejo río
con Kentridge y la pared.

Sólo algunos soportan
pasar y permanecer,
es una sensación difícil.

.::
Experiencia
El silencio abarca
(y luchamos contra él)
y trazamos poemas
estando en la nada,
sintiéndonos endebles.

Luego los acariciamos con
las manos frías
de la indiferencia sorda,
esa que no se quiere,
que se aniquila
y que regresa fuerte,
afianzándose.

Las marcas nos atan
a la realidad que se seca.

La esperanza migra
hacia territorios más fecundos,
hacia almas más crédulas.

.::
Pequeño poema enamorado
Me basta
que camines por ese infierno
viviendo nuestro cielo
para saber
que te amé

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Fuente: verdades que asoman, blog de la autora.
La autora es venezolana y reside en Italia.