Lee el Salmo 46

Entre todas las bellas e íntimas oraciones de la Biblia, no hay ninguna que supere el maravilloso poema que llamamos el Salmo 46.

Nuestro salo comienza - al igual que casi todas las oraciones de la Biblia - con una expresión de fe en Dios. Esto es extremadamente importante en la práctica. Necesitas afirmar constantemente que crees en Dios, no meramente como un vago concepto abstracto, sino como un poder real, vivo y presente en la vida, siempre disponible para ser contactado mediante el pensamiento; que nunca cambia y nunca falla. El salmo cierra con un comando y una afirmación.

Estad quietos, y sabed que yo soy Dios; seré exaltado
entre las naciones, enaltecido seré en la tierra.

Ésta, en realidad, es la síntesis de toda la Biblia. "Estad quietos, y sabed que Yo soy Dios." Esto es justamente lo último que queremos hacer cuando estamos preocupados o angustiados. La corriente del pensamiento humano no deja de apurarnos en términos de su propia agenda, y pareciera mucho más fácil nadar con ella aceptando las dificultades, que con resolución salirse en pensamiento de estas cosas y contemplar a Dios, que es la única escapatoria de todo problema. Aún en tus oraciones hay un momento para cesar el trabajo activo y, "habiéndolo hecho todo, quedarse parado" - quedarse quieto y saber que Yo soy Dios.