Sueño 60/ a Kurosawa

Vi las primeras ciudades de agua camino al norte,
en Atacama. Estaban suspendidas en el cielo,
como gigantescos acuarios transparentes, y las
líneas de luz de sus reflejos se mecían sobre el
suelo cubriendo la inmensa planicie ocre. Era el
año 1975, a fines del verano, y por entonces yo
sufría. Fue la primera vez también que conocí un
desierto. No me sorprendió verlas, incluso diría
que me dio una cierta paz. Había abandonado a
mis hijos, el mayor de cuatro, una de tres y el
menor que no cumplía el año, y por primera vez
pude pensar en ellos sin tanta angustia. A lo
lejos se veían los dos volcanes y los reflejos de
la primera de ellas les imprimían a sus cumbres
nevadas un tono verdoso como el del mar. La
segunda la vi al atardecer y parecía más lejana,
más remota e inabarcable. Esa noche volví a
soñar con mis hijos y desperté bajo el frío que
cae en la noche en los desiertos. Me saqué de
encima la frazada que me dieron en el albergue y
me levanté por un café. Las infinitas líneas de luz
seguían entrecruzándose como si la tierra entera
fuese el fondo de una piscina. Al final, ondeando
bajo esos mismos reflejos, los conos blancos de
los volcanes fosforescían en el azul de la noche.
Kurosawa, volví a decirle, entonces yo sufría

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Ilión

Abre esa puerta
y entonces vimos amontonados edificios de pasto frente a
las rompientes y más arriba Troya levantándose sobre la
costanera
Y después unas calles serpenteantes y al fondo una bañera
con toneladas de pesadillas adentro y la cara de Homero
amoratada de agua con algodones cubriéndole sus ojos
vacíos
Miramos entonces la estrecha bahía dibujada en el cielo y
los edificios de pasto sobre sus acantilados Arden los
pastos sí: las troyanas legiones de pasto todavía arden
quemándose en la rada recita Homero hinchado de agua
saliendo de la tina de baño y era sólo el sonido de las
pequeñas olas sobre la playa el mar azul recostándose

frente a las arrasadas ciudades de la guerra y de la mañana

.::
Todo ha sido consumado
Hay un barco en el medio del desierto. Nadie
diría que esto puede ser, pero hay un barco

herrumbroso y negro reclinado en el desierto.
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ZURITA, Raúl Zurita (c), Universidad Autónoma de Nuevo León, México, Editorial Aldus, 2012.
Foto: https://www.culturamas.es/blog/2010/04/10/cuadernos-de-guerra-de-raul-zurita/